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Cómo puede ser un buen sábado a la noche si tienes discapacidad

Daniel Robles Haro

¡Las personas con discapacidad también socializamos! Te cuento una crónica de este fin de semana.

Por Daniel Robles Haro*

Hoy les quiero platicar sobre una gran noche de sábado. Y esta experiencia es más profunda que una simple anécdota. 

Y a continuación les platico el porqué:

El ser humano es un ser social por naturaleza. Nacemos con tendencia a la sociabilidad. Convivimos con otros. Nos comunicamos. Nos apoyamos. Damos y recibimos afecto.

Está documentado científicamente que el aislamiento produce consecuencias de todo tipo como:

Estado de conciencia alterado, alucinaciones, trastornos de sueño y del hambre, ansiedad y depresión, abuso de sustancias nocivas, deterioro cognitivo. Y hasta mayor riesgo de mortalidad prematura.

Ví un documental sobre experimentos de guerra con base en el aislamiento que para qué les cuento…

La semana pasada hice algunas pequeñas entrevistas, principalmente a adultos,  preguntándoles cómo veían la discapacidad cuando eran niños. Y si conocieron a alguien con discapacidad.

Una persona me platicó que, cuando ella era niña, conoció a un chico con parálisis cerebral,  y cuando iba a su casa, veía que mayormente lo tenían encerrado en un cuarto. La mamá de ella, les decía a ella y a sus hermanos que no se le acercaran a pesar de que el chico no se podía mover, ni representaba un peligro para ellos.

Historias como esas siguen sucediendo. Y es terriblemente injusto.

¿Se imaginan cómo se sentía ese chico y cómo se sienten miles de personas con discapacidad que son aisladas y ni siquiera tienen la oportunidad de expresarse?

Yo mismo he padecido los efectos del aislamiento durante la pandemia, en la que me cuidaban como si fuera de cristal.

El sábado pasado fui con mi familia a un pequeño restaurante cerca de mi casa.

Había dos grandes mesas de personas invitadas a la tarde bohemia del señor Manuel Ascanio. Llegamos cuando los demás ya llevaban horas ahí y se conocían entre sí. Comenzaron las miradas hacia mí. Siempre pasa. Chico en silla de ruedas y con su mamá dándole de comer en la boca.

Yo disfrutando mi clericot y la música y haciendo contacto visual con todos. Nunca he tenido problema con eso. Recuerden, mis ojos, mi idioma.

Dado el momento, mi mamá les explicó mi condición y mi forma de comunicación, y que soy un ser pensante, y los invitó a conocer mi trabajo.

Terminé la noche totalmente integrado en todos sentidos. Conocí entre otras personas al doctor Sotelo, a Rosy, a Polo (quien es un gran declamador), y me la pasé genial. Ya conozco también a los dueños del lugar y compartimos gustos deportivos.

Como pueden ver, independientemente de mi discapacidad, soy un ser social. Me encanta y tengo derecho a socializar y ser incluido.

A ti que me lees, te invito a construir una sociedad más incluyente y empática.

¡Muchas gracias!

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