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Discapacidad: de la segregación a la revolución

Tonatiuh Meaney.

En el pasado, se segregaba, con la ley en la mano, y hasta se criminalizaba a la discapacidad.

Por Tonatiuh Meaney*

Antiguamente se creía que la discapacidad, que era referida con otras palabras, significaba castigo, mal agüero, o en el mejor de los casos invalidez o impedimento. En cambio, hoy se considera que significa diversidad en el funcionamiento de las personas.

Esto implica que se debe compensar a quienes viven con desventajas para igualar las condiciones de oportunidades, en bien de todas las personas, pues no hay quien no sea una potencial persona con discapacidad (o deba cuidar de una en algún momento) si la vida le da suficientes años.

Si la discapacidad no ocurre por enfermedad o accidente, ocurrirá por efectos de la edad. Así, surge una nueva y moderna visión que ha sido discutida, promulgada y firmada por casi todas las naciones en los organismos internacionales, y derivó en instrumentos como la Clasificación Internacional del Funcionamiento (CIF) de la Organización Mundial de la Salud, donde se clasifica, define y explica qué es y qué no es la discapacidad.

Pero no siempre se ha visto así el asunto. En el pasado se segregaba, con la ley en la mano, y hasta se criminalizaba a la discapacidad. La palabra hándicap que en inglés tiene significados satélites de discapacidad, puede provenir de la composición hand in cap, que sugiere el sombrero en la mano que utilizaban los limosneros para pedir dinero. A éstos se los identificaba en el siglo XVI con las personas con discapacidad, debido a las leyes aprobadas por Henry VII de Inglaterra que permitían que los veteranos de guerra mendigaran.

Aunque algunos autores ponen en duda este origen semántico y atribuyen la palabra a los juegos antiguos llamados hand in cap, que compensaban con puntaje a los competidores en desventaja, sigue latente ese zumbido léxico que nos dice que la sociedad tiende a relacionar la discapacidad con el desempleo o la mendicidad. Por más evidencia que haya contra dicho origen etimológico, apenas a finales del siglo pasado, en Estados Unidos aún existían las llamadas “leyes de feos” que prohibían a las personas con discapacidad entrar a sitios públicos.  

Así que la evolución parece increíble. La única explicación es que esa antropoemia (echar fuera los que nos causa miedo de la sociedad) fue vencida por las mismas comunidades de personas con discapacidad que derrotaron esa especie de indefensión aprendida. La llamada “sociología del impedimento” explica bien estos hechos. 

Hoy se considera que todas las personas funcionamos de distinta forma, con distintos obstáculos, y la sociedad debe trabajar para emparejar lo más posible las condiciones de todas las personas, pero en especial, de aquellas que tienen un mayor grado de desventaja, pues sus limitaciones no son internas, sino debidas al entorno. No en vano, en distintas investigaciones se habla de una revolución copernicana en la discapacidad. El nuevo modelo permite comprender que la antropoemia y su cruel segregación daña mucho no solo a las personas segregadas sino también a las personas que segregan. Pero falta mucho por hacer para acabar con la discriminación implícita o explícita a las personas con discapacidad. 

Este texto continuará…

 *Criminólogo, urbanista, y matemático. Responsable de análisis espacial en iSTAR (Laboratorio Internacional de Investigación y Análisis Espacial). UNAM-Universidad Estatal de California. Twitter: @ meaneysuarez

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