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Derribando barreras para la vivienda de personas con discapacidad

Usuaria en silla de ruedas lavando trastes en una cocina adaptada para personas con discapacidad.

El 10% de las personas con discapacidad que vive en algún país de la OCDE
gasta 4 de cada 10 pesos de sus ingresos en vivienda. La falta de información, adecuaciones y financiamiento es casi parejo en todos los países miembros.

Encontrar una casa de buena calidad a un precio razonable es un reto para la mayoría de las personas en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). 

Menos de la mitad de los habitantes de los países miembros de la OCDE se sienten satisfechos con la disponibilidad de hogares asequibles en los lugares en donde habitan. Incluso antes de la pandemia de Covid-19, más de 1 de cada 10 personas decía haber tenido problemas para pagar la renta o la hipoteca el año anterior.

Pero cuando se trata de una persona con discapacidad todo es aún más complicado. Esto aplica para cualquier tipo de discapacidad, ya sea física, mental, intelectual o sensorial, y es especialmente difícil para las personas con necesidades más complejas. 

Por ejemplo, tomemos el caso de Francia: a principios de año, el gobierno anunció la renovación de la estrategia para desarrollar soluciones de vivienda para casi 7 mil personas adultas mayores francesas con alguna discapacidad con la que recibirían apoyo del gobierno, pero terminaban cruzando la frontera hacia Bélgica en busca de soluciones de servicios de casa habitación y apoyo porque en Francia no eran suficientes.

Muchas personas con discapacidad no cuentan con recursos para pagar una casa. En comparación con las personas sin discapacidad, tienden a ser de mayor edad, a tener menores ingresos y a vivir solas. 

Más de 1 de cada 10 personas con discapacidad gasta más del 40 por ciento de su ingreso disponible en su casa. 

En la Unión Europea, las personas con discapacidad tienen el doble de probabilidades de tener problemas para cubrir sus gastos y el riesgo de pobreza es mucho mayor.

Es más, las personas con discapacidad viven en una casa que no sirve para cubrir sus necesidades. La información sobre la accesibilidad de las casas que se encuentran en el mercado son parciales y no actualizadas. En promedio, solo 1 de cada 10 casas en la mayoría de los países “no tiene barreras” o cuenta con más de un aspecto de accesibilidad, como sería una entrada sin escalones, una habitación en el primer piso y un baño, o un baño accesible. Un estudio reciente en Australia indica que tres cuartas partes de las familias que tienen un integrante con discapacidad viven en espacios que no cubren sus necesidades.

El reto es grande. Cerca de 1 de cada 4 adultos de países pertenecientes a la OCDE y de la Unión Europea vive con alguna discapacidad que limita sus actividades diarias. Esta población es amplia, diversa y se espera que cada vez sea mayor debido al envejecimiento y al aumento de las enfermedades crónicas.

El gobierno proporciona diversos apoyos para ayudar a que las personas con discapacidad consigan un hogar adecuado, pero generalmente no son suficientes.

¿Qué más puede hacerse?

En primer lugar, tenemos que llenar los huecos de información que prevalecen. 

No sabemos lo suficiente sobre la situación de los hogares de los niños con discapacidad ni de las personas con discapacidad que viven en instituciones, y la información sobre la calidad y accesibilidad de la oferta de vivienda no está completa. No existe información sobre el alcance de los diseños pensados en diferentes aspectos de la discapacidad en la oferta de vivienda como podría ser la relacionada con truenos, sonido o tacto. Los hacedores de políticas deberían tener como prioridad mejorar la base de evidencias.

En segundo lugar, necesitamos herramientas para vincular a las personas con discapacidad con los apoyos de vivienda y los servicios que necesitan. El registro público de vivienda accesible y asequible ya existe en Japón, Noruega, Escocia en Reino Unido, y en EU para ayudar a enfrentar las barreras de información.

En tercer lugar, tenemos que fortalecer los requerimientos mínimos de accesibilidad. Esos requerimientos en la actualidad sólo se aplican a una fracción de la oferta de vivienda en la mayoría de los países. También se pueden imponer requisitos de accesibilidad en las renovaciones mayores, o en aquellas que reciben apoyo público. Este es el momento para que los gobiernos redoblen los esfuerzos en la inversión de vivienda accesible como parte de las estrategias de recuperación post pandemia.

En cuarto lugar, el apoyo financiero dirigido es esencial para algunas personas con discapacidad. Esto sirve no sólo para pagar la renta o la hipoteca sino también para adaptar su hogar para cubrir necesidades conforme avanza su edad. 

Los gobiernos también pueden dar incentivos para que se introduzcan aspectos básicos de accesibilidad en los hogares, como sucede en Alemania, y de esta forma aumentar gradualmente la oferta de vivienda accesible.

Finalmente, las políticas de vivienda tienen que coordinarse con otras áreas. Esto incluye la salud, el empleo, el transporte y el cuidado a largo plazo, y con esto se podría asegurar una completa integración de las personas con discapacidad a nuestras comunidades.

Estos esfuerzos sirven para empezar a derribar  las enormes barreras que persisten para las personas con discapacidad para conseguir vivienda accesible, un lugar que realmente puedan considerar su hogar.

Por Marissa Plouin | Analista de políticas económicas de la OCDE

Traducción: Graciela González

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