El Departamento de Estado de Estados Unidos cambia de tipografía para ser más inclusivo

“Los tiempos (del Times New Roman) están cambiando” dice el comunicado del Secretario de Estado Anthony Blinken a todas las embajadas de Estados Unidos en el mundo. El anuncio es parte de una campaña de accesibilidad que comienza en la punta más alta de la pirámide de poder de la mayor economía del planeta. 

El Departamento de Estado de Estados Unidos ya es sans serif (tipografía sin patines). Un detalle no menor de tipografía en sus documentos y anuncios oficiales que suma accesibilidad a sus contenidos. 

La oficina a cargo del poderoso Anthony Blinken (que es el equivalente a un canciller en nuestro país), pasó la instrucción a su equipo dentro y fuera del país para que  dejen de usar la fuente Times New Roman y adopten Calibri en todos sus comunicados oficiales y memorandums con la idea de apoyar a sus empleados que viven con alguna discapacidad visual o intelectual.

En un cable que se envió el martes a todo el sistema de servicio exterior de Estados Unidos, Blinken dio la instrucción de usar una fuente sans serif más grande en documentos internos de alto nivel, y dio como plazo a las oficinas nacionales y del extranjero el 6 de febrero para “adoptar Calibri como la fuente estandarizada para sus documentos. Los tiempos (del Times New Roman) están cambiando”, se leía en el asunto del comunicado.

La tipografía importa y los cambios no son fáciles

Blinken explicó en su carta que el cambio a Calibri facilitará a personas que viven con alguna discapacidad el uso de ciertas tecnologías de apoyo, como sucede en las lecturas de pantalla, y para leer los comunicados del departamento. El cambio lo recomendó la oficina de diversidad e inclusión de la Secretaría de Estado. Suena como una decisión de alto sentido común pero aún así el cambio ha provocado rencillas entre los empleados que están muy preocupados por la estética y la costumbre de llevar  años usando Times New Roman en sus cables y memorándums en las embajadas y consulados de todo el mundo.

“Un colega lo llamó sacrilegio”, comentó un funcionario del Servicio Exterior en Asia, quien, al igual que otros, habló de forma anónima con reportes del periódico Washington Post para expresar su opinión sobre el cambio en las políticas internas. “A mí no me molesta la decisión porque odio las serifs, pero no me encanta Calibri”.

En instituciones como el Pentágono, los aviones de combate, los tanques y los misiles son la moneda burocrática, pero en el Departamento de Estado, las palabras son la moneda del reino y es muy importante el uso que se les da.

“Estoy previendo una revolución interna”, dijo un funcionario del Servicio Exterior.

El departamento de Estado utiliza desde 2004 la tipografía Times New Roman como el tipo de letra estándar para los memorándums dirigidos al secretario.

La decisión de Blinken se basa en cuestiones de accesibilidad y no de estética, dijo un funcionario de alto nivel del Departamento de Estado que está familiarizado con el cambio. Se trata de la sacudida editorial más reciente que realiza el Secretario de Estado en las últimas semanas. 

Muchos expertos coinciden en que las fuentes con serif, las que llevan pinceladas adicionales, o ‘patines’, son más complicadas de leer en pantalla. La dificultad es menor en materiales impresos.

El tamaño también importa 

Según el Servicio de Discapacidad e Inclusión de la Universidad de Edimburgo se necesita una fuente de 14 puntos y evitar escribir con negritas, itálicas o subrayados. “Una buena práctica evitaría las fuentes con serif”, explica el servicio en una guía de accesibilidad. “Las fuentes como Times New Roman son mucho menos accesibles”.

No existe una solución totalmente accesible, dice Jack Llewellyn, un diseñador londinense experto en tipografía, ya que considera que un cambio en la fuente podría ayudar a algunos lectores pero complicar la lectura para otros.

En su cable, el Departamento de Estado explica que está optando por cambiar a Calibri de 14 puntos porque las fuentes con serif como Times New Roman “puede ocasionar problemas de accesibilidad” para personas con discapacidad que recurren a la tecnología de reconocimiento óptico o para la lectura en pantalla. También puede complicar el reconocimiento visual a las personas que viven con discapacidad intelectual”.

El tipo de letra Calibri puede mejorar la experiencia de los lectores que utilizan pantallas para leer o tecnología de reconocimiento óptico, que puede convertir las imágenes de un texto en texto editable, pero también podría complicar la lectura para otras personas, dice Llewellyn.

Otros factores de diseño, incluyendo la alineación del texto, el espacio entre las líneas y el contraste de color entre el texto y el fondo de pantalla pueden hacer una mayor diferencia en cuanto a accesibilidad que el tipo de letra o el tamaño, dice Ian Hosking, investigador asociado del Centro de Ingeniería de Diseño de la Universidad de Cambridge.

Hosking dice que los que busquen la accesibilidad de un texto para la mayoría de la gente deberían permitir la personalización. “Tomamos cualquier fuente, dejamos espacios de línea y media, y consideramos un fondo blanco con letras en negro y orientamos a los lectores a aumentar o incrementar el contraste o el tamaño de la fuente dependiendo de lo que les acomode mejor”, explica.

En general, diseñar un documento funcional y legible es un proceso “complicado” e “individual” que no tiene una “solución fácil”, indica.

“Desde 2007 Microsoft utiliza Calibri  para todas sus cosas desde que reemplazó a Times New Roman en Microsoft Office”, explicó la compañía en un memorándum.

“Nos ha funcionado bien pero consideramos que es tiempo de evolucionar”.

Aún así, el hecho de que el  Departamento de Estado, con sus decenas de miles de empleados del Servicio Exterior, servidores públicos, y más de 270 misiones diplomáticas en el mundo, tenga la intención de que sus documentos sean más accesibles es “algo bueno”, dice Llewellyn, quien considera que un debate más amplio se ha demorado. “¿Por qué no se reconoce que ya hay que resolver un asunto importante aquí?

Por John Hudson y Annabelle Timdiy para The Washington Post | Traducción: Graciela González

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