Fotografía de las manos de un niño coloreando sobre una mesa color gris.
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Cómo ser niño con discapacidad y sentirse amado en Afganistán

La escuela Fatima Khalil es la primera institución educativa en la capital del país con la mayor proporción de personas con discapacidad del mundo.  

Por Redacción Yo También

Afganistán tiene un triste récord macerado en años de guerra: es el país con el mayor porcentaje de personas con discapacidad. Según datos de Human Rights Watch, casi 80% de los adultos presenta alguna discapacidad y 17% de los niños presentan alguna discapacidad de leve a grave. 

Según un reportaje publicado esta semana por The Guardian, la gran mayoría de los niños afganos que viven con alguna condición jamás conocieron una escuela. Aquellos con discapacidades más graves o son abandonados o viven en total olvido y descuido en sus hogares. 

Pero en Kabul, en la capital afgana, desde diciembre de 2020 hay un lugar que recibe a niños con alguna discapacidad: la escuela Fátima Khalil. 

Se trata de una institución gratuita que espera normalizar y escolarizar a niños que necesitan más apoyos y adecuaciones en un país devastado por la guerra.

El nombre de este colegio recuerda a Fátima, una una defensora de los derechos humanos de solo 24 años que fue asesinada por los talibanes en esta ciudad en junio del año pasado. Ella se había ofrecido como voluntaria en la Iniciativa de Niños Habilitados (ECI, por sus siglas en inglés), una organización benéfica local que trabaja con niños con discapacidad.

Según la entrevista que le dio a The Guardian la subdirectora de la escuela, Asya Ahmad (hermana de Khalil): «Actualmente tenemos 34 estudiantes, pero nos gustaría expandirnos a 50 para fin de año». Catorce de los alumnos viven en orfanatos, después de haber sido abandonados en hospitales o en cajas de cartón fuera de las comisarías de policía poco después de nacer. 

Después de la muerte de Khalil, su familia creó un fondo y se asoció con ECI para establecer la escuela, todo para  cumplir el sueño de Fátima.

«El sistema escolar de Afganistán no está preparado para incluir a estudiantes con discapacidad, no hay tal cosa como educación inclusiva” agrega Ahmad, pero «nuestro objetivo es eventualmente integrar a algunos de nuestros estudiantes en las escuelas estándar y esperamos desarrollar asociaciones que fomenten un entorno de aprendizaje más inclusivo».

El estigma de no existir

Otro problema que dificulta el acceso a las escuelas de los  niños con discapacidad es que no están registrados, no tienen una partida de nacimiento. A menudo es debido a la vergüenza de adquirir una ‘tazkira’, que es una tarjeta de identificación nacional que indique su condición. Esto significa que no existen formalmente y, por lo tanto, no pueden obtener servicios gubernamentales ni acceder a sus derechos más elementales. 

Pero, no tener identificación no es obligatoria en la escuela Fátima Khalil. Es el caso de uno de los primeros alumnos, de Farzad, de 16 años, quien tiene síndrome de Down y todavía está esperando su tarjeta de identificación. Su madre, herida durante la guerra y ahora amputada, no ha podido moverse para buscar sus papeles.

 «Cuando la mayoría de la gente piensa en la discapacidad, piensa en la incapacidad, y esa es la raíz de muchos desafíos que enfrentan estas personas», agrega la directora.

Además de los contenidos académicos, 17 de los alumnos completan sus jornadas con fisioterapia y ejercicios, sobre todo aquellos que viven con parálisis cerebral. 

“Este lugar nos ofrece esperanza”, dice Asya Ahmad a la reportera de The Guardian. “Esperamos poder contribuir a normalizar las necesidades especiales en Afganistán. Esperamos que este pueda ser el comienzo de un movimiento de cambio”.

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