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Cinco proyectos femeninos innovan en el mundo de la discapacidad

Collage con la fotografía de las emprendedoras mencionadas en la nota.

Emprendedoras crean soluciones que derriban barreras en pro de la inclusión y la accesibilidad.

Por Redacción Yo También

Mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad motiva a algunas mujeres a impulsar proyectos que no sólo son creativos e innovadores, sino que en los hechos derriban barreras que frenan la accesibilidad y la inclusión.
Ya sea desde lo lúdico o desde el descanso, desde los proyectos que fomentan la salud o mejoran la comunicación, estos conceptos promovidos por mexicanas de todas las edades muestran un camino donde acciones aparentemente pequeñas son las que crean la gran diferencia.  

Cubrebocas transparentes

El uso del cubrebocas dejó prácticamente en la incomunicación a 12 millones de personas en México que viven con discapacidad auditiva. 

Esto porque las mascarillas distorsionan los sonidos y bajan el volumen hasta 12 decibeles, lo que dificulta la comunicación incluso para aquellas que usan algún aparato auditivo.

“Para quienes vivimos con discapacidad auditiva la gesticulación y la lectura labio-facial son fundamentales para comunicarnos, más del 90 por ciento utilizamos esta última”, afirma María Nazaret González García, quien lidera la iniciativa #MéxicoCubrebocasTransparente.

Con apoyo de la académica Paola Carroll, quien dirige el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Escucha México: Estrategias gráficas y cultura auditiva”, al que puedes acceder en este enlace, María lanzó en octubre del 2020 su campaña con tres objetivos:

  1. Desarrollar una norma de cubrebocas inclusivos.
  2. Que su uso se apruebe en todo México.
  3. Que todas las áreas de servicio público o privado proporcionen cubrebocas transparentes a su personal.

Un juego 100 por ciento inclusivo

Cuando la psicóloga Sofía Morgenroth conoció a Mónica, una adulta mayor de 63 años que perdió la vista por un glaucoma (condición de la que puedes saber más dando clic en este enlace), quiso ayudarla a mejorar su calidad de vida a través del aprendizaje del Sistema Braille. Pero no deseaba enseñarle de forma tradicional, sino que aprendiera de forma autónoma a través de un juego.

Como no existía ninguno, la joven de 24 años inventó uno propio: Sprooch, uno de los primeros juegos pensados para ser totalmente incluyentes.

“Conocí a Mónica y la vi con muchas ganas de querer ser parte de esto, pero no sabía cómo”, platica. “Entonces me ofrecí a enseñarle braille y no contaba con que no existía un producto disponible para que ella pudiera aprender de manera autónoma. Por eso desarrollé este juego, por accidente, y de ahí pensé en patentarlo”.

Hoy está en camino de llevarlo más allá, que no solo sea etiquetado como algo únicamente para personas con discapacidad; sino para absolutamente todas y todos aquellos que quieran jugar para pasar el tiempo, divertirse, aprender braille y lengua de señas e incluso para enseñar a los niños pequeños el abecedario. Es decir, que sea catalogado como un juego ciento por ciento inclusivo.
Sprooch puede conseguirse a través de las redes sociales oficiales de Idélu, a las que puedes acceder dando clic en los siguientes enlaces: Idélu juegos inclusivos en Facebook y @idelu_juegosinclusivos en Instagram.

Escapada romántica incluyente

Una cueva en una de las montañas que custodian Malinalco, uno de los pueblos mágicos en el Estado de México, desde la cual puede disfrutarse del atardecer, se convirtió en el más original escenario para realizar encuentros inolvidables para parejas con alguna discapacidad.

A través de Punto Romántico, un emprendimiento de Sheila Peralta y Eduardo Ramírez del que puedes conocer más aquí, se logró crear el entorno propicio para que las parejas tuvieran un recuerdo imborrable en su vida.

Lo mejor es que no solo se trata de organizar un encuentro por algún objetivo especial, como una pedida de mano o una celebración, sino que puede vivirse una experiencia memorable en cualquier circunstancia. Hay opciones gastronómicas, de cine dentro de la cueva, picnic en medio de los agaves o cabalgatas, y todas son posibles para las personas con cualquier tipo de discapacidad.

Naturaleza al alcance de todos

A 13 metros de altura y pensando en la accesibilidad y comodidad de las personas con discapacidad y adultas mayores, se encuentra el Jardín Botánico de Acapulco del que puedes conocer más a través de este enlace, que esta semana celebró sus primeros 20 años de operación.

Fundado por Esther Pliego de Salinas, una mujer de 86 años y madre del empresario Ricardo Salinas Pliego, este jardín ofrece una de las más hermosas vistas sobre la Bahía de Santa Lucía, y en días despejados permite ver hasta Pie de la Cuesta.

El Jardín Botánico de Acapulco, en seis hectáreas donadas por la Universidad Loyola del Pacífico, alberga más de seis mil ejemplares de plantas y árboles, y más de mil 200 especies. Además, es hogar de mariposas, iguanas verdes, serpientes, coatíes, urracas y halcones, entre muchos otros animales silvestres que buscan refugio de la demanda turística e inmobiliaria del puerto.

La belleza del lugar lo hace ideal para disfrutar del anfiteatro en el que se organizan conciertos de música clásica al atardecer y donde se desarrolla el Jardín de los Sentidos, que permite a los visitantes sentir distintas texturas, como la del musgo, o percibir el olor de distintas plantas aromáticas, en actividades pensadas para todas las personas, con discapacidad y sin ella, jóvenes o adultas mayores, porque son totalmente inclusivas.

Cubiertos reconocibles al tacto

Alejandra Tovar trabajaba con personas que tenían discapacidad visual, y detectó que para ellas era muy difícil identificar los cubiertos a la hora de la comida, por lo que decidió diseñar una nueva versión de esos utensilios y lograr que disfrutaran con más tranquilidad ese momento del día.

“Veía que mis compañeros tenían que estar pasando la mano por toda la mesa hasta que encontraban los cubiertos”, describe la alumna del séptimo semestre de Diseño Industrial del Tecnológico de Monterrey campus Querétaro. “Y ya cuando los tenían, debían manosearlos para identificar cuál era”.

Así, diseñó Tríada, un juego de cubiertos que permite a las personas con discapacidad visual sentir, identificar y diferenciar el mango de cada pieza gracias a la textura que se agregó a la cuchara, al tenedor y al cuchillo, cada una con diferente color, esto último para que las personas que logran distinguir y contrastar alguno de ellos también pueden reconocerlos sin necesidad de tocarlos.

Con Tríada, Tovar ganó el primer lugar del Premio James Dyson en México, un concurso internacional que busca animar, impulsar e inspirar a estudiantes universitarios o recién graduados de carreras como Ingeniería, Diseño de Producto y Diseño Industrial para diseñar algo que solucione un problema ofreciendo una solución creativa y efectiva.

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