Fotografía de Arnulfo Castorena nadador paralímpico. Es usuario de silla de ruedas y en la imagen se le con un cubrebocas blanco, que solo permite verle el ojo izquierdo, ya que el derecho está cubierto por la medalla de oro que sostiene en la mano derecha y lleva hasta su frente. Usa la chamarra del equipo mexicana, negra con mangas y cierre verde, que permite ver la amputación de su brazo izquierdo.
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Castorena es leyenda en la alberca y en la vida

Inclusión laboral, el nuevo reto que tiene ante sí el nadador paralímpico, quien ganó el oro que representa la medalla 299 en la historia de México en los Juegos Paralímpicos.

Por Eduardo Vega

Después de subir al podio en Londres 2012, Arnulfo Castorena no logró colgarse ninguna medalla en Río 2016, por lo que su determinación para alcanzar de nuevo la gloria olímpica creció hasta conseguirlo ahora en Tokyo 2020 con una medalla de oro más para su legendaria carrera deportiva.

«La verdad muy contento. Pasaron ocho años para que cayera esta medalla y gracias a Dios cayó, me siento muy contento y feliz, ahora me toca disfrutarla con mi familia, con mis hijos. Ellos son el motor que me impulsan para seguir adelante».

LA FRASE:

«Gracias a Dios ya hemos salido adelante y hemos demostrado que en esta vida todo se puede».

Arnulfo Castorena, medallista de oro en los Juegos Paralímpicos, captado de perfil, con la mano cubriéndose el rostro en la ceremonia de premiación en Tokio 2020. El acercamiento solo permite ver cómo inclina la cabeza y cubre las lágrimas que le embargan, y una parte de su chamarra deportiva color verde. El fondo de la imagen es la pared azul y una franja blanca que forma parte del logo de la competencia.
#MeEmocionoComoCastorena. La imagen que Ivett Rangel captó del campeón paralímpico.

Guerrero de la vida

El nadador nacido en Guadalajara, Jalisco está acostumbrado a luchar cada día de su vida y, asegura, no ha sido fácil enfrentarse al rechazo, pero cada batalla lo ha fortalecido para triunfar como deportista, hombre, esposo y padre, donde ha ganado las medallas más valiosas.

«Son muchas cosas, desde que nací fue lo que le batallé y la pérdida de mi madre y el rechazo de mi papá, todo el esfuerzo que hice para salir adelante y demostrarle a mi familia que todo se podía a pesar de tantas adversidades que me pasaban en la vida, pero gracias a Dios lo superé”, recuerda Castorena.

Durante su vida, la delgada línea entre la luz y la oscuridad, entre el fracaso o la victoria, ha estado siempre presente, pero Arnulfo ha tenido la valentía y la fuerza de voluntad para seguir siempre por el camino correcto, algo que para nada ha sido fácil para el campeón.

«Siempre lo he dicho: viví entre fuego y nunca me quemé. Yo veía como mi familia se drogaba y yo decía ‘si ellos lo hacen por qué yo no, quiero saber qué se siente, quiero olvidar todo’, pero gracias a Dios no se me dio eso y siempre luché para salir adelante»,

confesó.
Fotografía de los campeones paralímpicos Arnulfo Castorena y Jesús Hernández, tras un histórico triunfo en Tokyo 2020. Ambos celebran dentro de la alberca. Hernández da la espalda y se ve como abraza a Castorena, quien ganó el oro al llegar en primer lugar. Hernández usa una gorra plástica color negro, con la imagen de la bandera mexicana en el lado derecho. Castorena usa una gorra blanca, en la que se aprecia parte de su apellido y aún trae puestos unos goggles negros.
Felicitación entre campeones: Arnulfo Castorena y Jesús Hernández

Entrenar y ganar a pesar de todo

El multimedallistas paralímpico y mundial es una verdadera leyenda en la historia de los Juegos Paralímpicos, pero para lograrlo ha tenido que ganar épicas batallas con base en la disciplina, constancia, fuerza de voluntad y valor a prueba de todo con la que enfrenta la vida.

«Estuve buscando muchos deportes, antes de iniciar la natación me gustaba mucho los clavados y los trampolines, pero sabíamos que no había un deporte paralímpico y un entrenador me dijo que yo dominaba bien la alberca y me dijo que mejor me fuera a practicar y desde ahí comencé».

«Fue muy difícil. Meterme a una alberca, tener que pagar, tener que alimentarme, a veces a los entrenamientos me iba sin comer, llegaba a la casa y a veces no veía qué comer, cuando salía de entrenar me daba mucha hambre».

LA FRASE:

«Es muy difícil que una persona con discapacidad tenga un buen trabajo, desafortunadamente no lo tengo y esto es como un trabajo para mí. Vamos a seguir echándole ganas para lo que viene, si se pudo en esta ocasión se puede ahora en París».

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