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Burnout en la crianza

Silvia Romero Adame

No es secreto que la pandemia representó una sobrecarga de actividades para la mayoría de las mujeres. ¿Puede resultar en burnout el cuidado de los hijos?

Por Silvia Romero*

El síndrome de Burnout se refiere al desgaste físico y emocional causado por el estrés laboral que, sin ser propiamente una enfermedad, obliga a quien lo tiene a buscar atención médica. Se caracteriza por irritabilidad, sentimientos de negatividad, baja eficiencia laboral y agotamiento o falta de energía, que puede desencadenar trastornos como la depresión, la ansiedad y sentimientos suicidas.

Por esa razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su más reciente Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), que precisamente entró en vigor el 1 de enero del 2022, ya incorpora el síndrome de Burnout como un “fenómeno ocupacional”.

Definitivamente el sector salud es el más afectado en los últimos dos años. No puedo siquiera imaginar el desgaste emocional de una persona que debe presenciar tanta muerte. Sin embargo, en esta ocasión deseo hablar del burnout en la crianza de hijos con autismo. 

Trabajo no remunerado

No es secreto que la pandemia representó una sobrecarga de actividades para la mayoría de las mujeres. La mamá que trabajaba debía seguir haciéndolo, ya fuera presencial o en línea. También tomamos el rol de maestras, puesto que nuestros hijos se quedaron en casa estudiando. Fue necesario, además, atender y proteger a los adultos mayores, aun aquellos que eran autosuficientes, puesto que este virus se ensañaba principalmente con ellos. Todo lo anterior sin contar con los procesos de limpieza exhaustiva que nos dictaban los medios de comunicación para protegernos de un virus que no conocíamos.

Por eso, no es de extrañar que en la Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado en los Hogares de México 2020 publicada recientemente por el INEGI, las actividades que presentaron mayor crecimiento fueron: cuidados de salud dentro del hogar, limpieza y mantenimiento de la vivienda, tareas de alimentación y apoyo a otros hogares.

Tan solo ese año el valor económico de las labores domésticas y de cuidados reportó un monto de 6.4 billones de pesos, donde las mujeres aportamos la mayor parte con un 73.20 por ciento, equivalente al 20.2 por ciento del PIB del país.

Estrés en la Pandemia

Después de dos años, las mamás de hijos con autismo aún tememos enfermar y llegar a faltar o tememos que nuestros hijos enfermen y deban estar en aislamiento, porque no existe un protocolo que nos permita acompañarlos y sabemos que ellos necesitan quién les interprete el mundo.

Pero ese miedo lo tuvimos que dejar de lado para poder funcionar. No tuvimos la oportunidad de resolverlo, porque a la vez debimos servir de contención emocional de la familia y en especial de nuestros hijos.

Y posiblemente esto solo me lo pueda entender otra mamá de un hijo con autismo. Pero desde que amanece hasta la hora de dormir, fue estar pendiente de sus emociones y miedos y tratar de anticiparnos o regular sus reacciones. Fue inventarnos formas y entornos para estudiar, realizar otras actividades en casa que les proporcionaran placer. Fue convencerlos de que estar en casa tenía sus ventajas, aunque para ellos no tuviera lógica ni sentido haber perdido lo ganado en socialización. 

Y a pesar de todo nuestro esfuerzo, vimos con angustia cómo pasaron por crisis de ansiedad, trastornos gastrointestinales, convulsiones, desmayos, irritabilidad. La mayoría causados por el encierro y después por tratar de volver a la “normalidad”. Yo lo viví en casa y otras mamás me hablaron llorando en plena crisis, angustiadas por no saber qué hacer. 

¿Han escuchado que la tos que más duele es la de los hijos? Pues la ansiedad de un hijo duele hasta la desesperación. Es abrazarlo fuerte y querer en ese abrazo traspasar la frontera y entrar en su cuerpo para hacer desaparecer la angustia.

Y según teorías evolutivas, tiene sentido, ya que las madres formamos un vínculo muy estrecho con los hijos y desarrollamos el llamado “instinto maternal” que garantiza la supervivencia de la especie. Nos volvemos intuitivas en el cuidado físico, pero también en el emocional. Por ejemplo, se cree que las mujeres sentimos preferencia por el brazo izquierdo para cargar a un bebé, porque nos permite detectar mejor sus emociones con el hemisferio derecho.

Sin embargo, las mamás de hijos con autismo debimos aprender a vivir bajo la piel de nuestros hijos para poder entenderlos, para escuchar sus necesidades sin que nos hablaran. De modo que el estrés en la crianza de un hijo autista va mucho más allá de las demandas emocionales normales de otras madres.

Así que dos años después, muchas mamás estamos agotadas, física y emocionalmente. Vivimos episodios de sueño alternados con insomnio. La depresión, el llanto y la irritabilidad es algo del día a día. 

La licenciada Lucina Peinado Soto, jefa de trabajo social en el Centro Integral de Salud Mental (CISAME) de Gómez Palacio, me comenta que, si bien el registro de personas que acuden al centro por atención disminuyó debido a la contingencia, se han percatado de que cambió la razón por la cual las personas buscan ayuda. Anteriormente las personas buscaban atención para sus hijos con déficit de atención, esquizofrenia u otros, pero actualmente se ha disparado el número de personas que acude a buscar ayuda por trastornos de ansiedad.

Nula investigación

Si bien existen estudios de estrés parental, el burnout únicamente se asocia a contextos laborales, por lo que son pocos los estudios de burnout aplicados en la crianza. Uno de ellos, realizado a 150 cuidadores familiares de hijos con discapacidad (la mayoría mujeres), en la ciudad de Portoviejo, Ecuador en 2019, arrojó que el 70 por ciento resultó con nivel medio a alto de Burnout. Los investigadores usaron como instrumento la aplicación del Maslach Burnout Inventory (MBI).

Pero ¿importa comprobar que el estrés parental desencadena en Burnout? Le permitiré a Anabel Cornago, autora del Blog “El sonido de la hierba al crecer” y mamá de un joven autista responder la pregunta. 

“Vivimos todas en un modelo social al que le va bien que trabajemos gratis, que nos tengamos que dejar la salud para conseguir migajas del sistema, que no podamos trabajar o tengamos que hacerlo de forma muy precaria […] Acabamos siendo trabajadoras sociales de nuestros hijos, enfermeras, terapeutas y lo que haga falta para conseguir una vida digna para nuestros hijos. Cuidadoras 24 horas al día, 365 días al año.”

Así es, llevamos la crianza a niveles profesionales. Estudiamos, investigamos, tenemos agenda, llevamos con extrema disciplina la dieta, las terapias, la medicación y hasta de la socialización hacemos todo un proyecto. Sabemos que en esta empresa no debe haber margen de error, porque la vida de nuestro hijo depende de ello.

Por eso, en algún momento el trabajo de cuidado y crianza debería tener la misma importancia de un trabajo formal y remunerado, es la razón por la que el INEGI le asigna un valor económico. Hasta entonces podremos verlo bajo una dimensión de derechos humanos.

Este artículo tiene como objetivo encender la alarma. Casi toda la población está pasando por crisis de ansiedad debido a la pandemia. Sin embargo, existe un no tan pequeño grupo de mujeres que ha resistido mayores cargas de trabajo, mala economía, que ha ahogado el miedo y que, con todo, debe ser soporte emocional de su familia. Ella necesita alternativas y programas en los cuales descansar para seguir con su crianza de manera saludable.

Si tú eres una de ellas, y no estás segura si haces lo correcto o lo suficiente, si te encuentras desbordada y aun así brillas y sonríes a tus hijos. Permítete llorar, toma aire, busca ayuda si es necesario y recupera fuerzas para seguir porque sé que lo estás haciendo muy bien.

*Silvia Romero Adame es mamá de un joven de 20 años dentro del espectro autista.  También es activista, escritora, ganadora del Premio Estatal de Periodismo 2019 y 2020 por la revista Metrópolis en la categoría de «Mejor artículo», en ambos casos con temas de inclusión.

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